jueves, febrero 01, 2018

César Salas "Tercer Concilio Limense". Reseña en ALERTA Archivística PUCP / número 184, p. 9, Enero 2018


César Salas "Tercer Concilio Limense". Reseña en ALERTA Archivística PUCP / número 184, p. 9, Enero 2018 

El Tercer concilio de Lima

 

La importancia de la Iglesia Católica en nuestra historia es innegable, al punto de constituir uno de los elementos fundamentales de nuestra identidad nacional. Así lo ha sido a lo largo de casi toda nuestra historia, pero sobre todo en la época virreinal, donde la religión ocupaba la mayoría de los espacios de la vida cotidiana, y cuando la distinción entre el poder político y el eclesiástico era bastante difusa. Durante esos años, el rey y sus representantes ejercían también su autoridad sobre el clero, debido a los privilegios que le confería el patronato regio. Por otro lado, la labor de la Iglesia Católica no solo tenía una dimensión religiosa, sino también abarcaba aspectos jurídicos y políticos que hoy corresponden al ámbito civil.

 

La evangelización del territorio americano implicó un gran desafío, e hizo necesaria la adecuación del trabajo pastoral a las nuevas realidades, además de la corrección de ciertos abusos que se venían dando. Uno de los principales instrumentos para la reforma del clero local fue la celebración de los concilios provinciales, que reunían a los obispos de cada una de las provincias eclesiásticas y que fueron impulsados por el Concilio de Trento, que mandó que todos los decretos emanados de estos concilios sean remitidos a Roma para ser examinados y aprobados. Además, y como consecuencia del real patronato, el rey de España también debía manifestar su aprobación a dichos acuerdos.

 

El primer concilio provincial de Lima fue convocado y presidido por el dominico Jerónimo de Loayza (1498-1575), primer arzobispo de Lima, y se realizó entre 1551 y 1552. Fue también bajo la dirección de Loayza, que se llevó a cabo el segundo concilio (1567-1568); mientras que los tercer (1582-1583), cuarto (1591) y quinto (1601) concilios provinciales de Lima estuvieron a cargo de su sucesor, Toribio Alfonso de Mogrovejo (1538-1606). El sexto concilio limense (1772), último celebrado en el periodo virreinal, fue convocado por el arzobispo Diego de Parada (1698 -1779).

 

Historiadores como Domingo Angulo y Rubén Vargas Ugarte han estudiado estos concilios provinciales, pero el que ha concitado más interés por parte de los estudiosos, dada su mayor importancia, ha sido el tercer concilio limense, el primero de los convocados por el arzobispo Toribio de Mogrovejo, quien fuera canonizado en 1726. Dicho concilio es conocido por haber sentado las bases sobre cómo debía llevarse a cabo la evangelización de los pueblos indígenas, además de establecer los textos (catecismos y demás instrumentos pastorales) que debía utilizar el clero para tal labor. Además, incorporó las constituciones del segundo concilio que no habían sido aprobadas oficialmente. Su trascendencia es pues enorme, lo que explica la cantidad de estudios que se le han dedicado y las diversas ediciones de sus actas. Es además un ejemplo de la labor organizativa de Santo Toribio, una de las figuras más representativas de nuestra Iglesia, cuyo trabajo pastoral no puede dejar de ser encomiado.

 

La historia del tercer concilio limense comenzó con la llegada a Lima en mayo de 1581 de Martín Enríquez de Almansa, que sustituyó al virrey Toledo, y de Toribio de Mogrovejo, que reemplazó al fallecido arzobispo Loayza. El nuevo arzobispo vino con instrucciones del rey Felipe II de celebrar, en coordinación con el nuevo virrey, un concilio, por lo que procedió a convocarlo mediante edicto del 15 de agosto de 1581 para la misma fecha del año siguiente. Una vez iniciado, las sesiones del concilio se desarrollaron en medio de desavenencias entre una facción que apoyaba a Mogrovejo y otra opositora que fue tomando más fuerza. Aun así, el evento continuó desarrollándose hasta su clausura en octubre de 1583. Sin embargo, los cabildos eclesiásticos apelaron ante la Audiencia y consiguieron que se dejen en suspenso los acuerdos a los que se habían llegado.

 

Ante las apelaciones que se fueron presentando, tanto en Madrid como en Roma, el arzobispo Mogrovejo comisionó al jesuita José de Acosta (1540-1600), quien había tenido una destacada participación como teólogo en el concilio y que viajaba a Europa, a que tramitara la confirmación apostólica y real de los acuerdos. Acosta llegó a Roma y consiguió la aprobación de la Sagrada Congregación del Concilio, con algunas modificaciones; y luego se trasladó a España donde también gestionó y logró la aprobación civil, así como la publicación en Madrid de las dos primeras ediciones de los decretos.

 

Entre las disposiciones aprobadas se encuentra la de enseñar a los indios en su lengua, la manera cómo se deben realizar las procesiones, la observancia de los decretos del Concilio Tridentino, el rechazo a la simonía (negociar con las cosas espirituales), la prohibición de pedir una contraprestación a los indios por la administración de los sacramentos, la obligación de proveer párrocos a los indios, la necesidad de escuelas para los niños indios, la manera en que deben comportarse los obispos, la protección y cuidado de los indios, la prohibición de que los eclesiásticos se dediquen a los negocios, entre otras normas eclesiásticas que regirían hasta el siglo XIX.

 

Hay por lo tanto muchas razones para agradecer la reciente aparición del libro Tercer Concilio Limense (1583-1591), publicado por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, con la colaboración de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) y la Sociedad de San Pablo. La edición de la obra, que incluye la bilingüe (latín-español) de los decretos del Tercer Concilio, ha estado a cargo de Luis Martínez Ferrer, catedrático de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz; la traducción del latín ha sido realizada por Mons. José Luis Gutiérrez, catedrático emérito de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz; además el profesor José Antonio Benito, director del Instituto de Estudios Toribianos, ha elaborado las semblanzas de los obispos participantes del Concilio, y Francesco Russo se ha encargado de la transcripción de las correcciones oficiales realizadas por la Congregación del Concilio.

 

Se debe señalar que esta nueva publicación de los decretos del III Concilio de Lima se diferencia de otras ediciones por respetar la versión oficial de 1591, que se puede considerar "normativa", ya que corrige algunas deficiencias de la primera edición de 1590, de escasa circulación y lanzada de manera apresurada. La obra se divide en dos partes: la primera es el estudio histórico documental del Concilio, al que se añaden las semblanzas episcopales y una relación de fuentes y bibliografía; mientras que la segunda es la edición y traducción de los decretos con las correcciones romanas y la aprobación regia. El libro también es de gran utilidad para los investigadores por presentar y comentar las fuentes existentes, así como las diversas ediciones que anteriormente se habían realizado.

 

César Salas Guerrero

 

Alerta Archivística PUCP / número 184, 9


lunes, enero 29, 2018

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, PASTOR DE LA SINODALIDAD

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, PASTOR DE LA SINODALIDAD

 Mario Aurelio Poli   Cardenal Arzobispo de Buenos Aires
En los 25 años de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica de Argentina
Revista  Derecho Canónico de la Universidad Católica de Argentina, 2017, Tomo I

viernes, enero 26, 2018

SANTO TORIBIO EN LA EXPOSICIÓN "Arzobispos de Lima en el tiempo" 17 enero al mediodía en el IRA-PUCP

El Instituto Riva-Agüero (IRA) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y el grupo de investigación "Fotografía Histórica", tienen el agrado de invitarlos a la inauguración de la exposición Arzobispos de Lima en el tiempo, como término de las celebraciones de los 70 años del Instituto y el Centenario PUCP. La cita es el miércoles 17 de enero al mediodía en el local del Instituto Riva-Agüero (Jirón Camaná 459, Lima 1).

El Archivo Histórico Riva-Agüero (AHRA) del IRA-PUCP, en su afán de revalorar el acervo documental que custodia, proveniente de la herencia de José de la Riva Agüero y Osma y de las donaciones realizadas por diferentes personas del ámbito social, cultural y político del país, emprendió una serie de actividades con el fin de poner el material que salvaguarda al servicio de la investigación y del público interesado.

 Con este fin se fundó en el año 2013 "Fotografía Histórica", como uno de los grupos de investigación del IRA. Desde esa fecha se ha trabajado en varios proyectos, y hoy les presentamos la exposición "Arzobispos de Lima en el tiempo", como homenaje a la visita pastoral de Su Santidad el papa Francisco al Perú, en enero del 2018.

 Treinta y dos arzobispos han guiado al pueblo de Lima durante cuatrocientos setenta y un años como pastores de la Iglesia Católica; quienes inicialmente atendían buena parte del territorio de la América hispana; llegando en algún momento de su historia a ser la arquidiócesis más extensa del mundo.

 En la presente exposición presentamos los retratos y firmas de los arzobispos además de una pequeña reseña biográfica; asimismo hemos incluido dos documentos firmados por los dos primeros arzobispos y las transcripciones de fragmentos de los mismos. Por otro lado una línea de tiempo contextualiza nuestra presentación y algunas imágenes de la Catedral y Palacio Arzobispal de Lima.

 INGRESO LIBRE

La exposición va desde el 17 de enero hasta el 28 de febrero en el local del Instituto Riva-Agüero y del 19 de marzo al 19 de abril hasta el campus PUCP.

 

Mayores informes a los teléfonos 6262000 anexo 6601. 6602, 6618 o a los correos: dira@pucp.edu.pe e ira@pucp.edu.pe.  

Agradezco cordialmente la invitación de una de las responsables del equipo, Ivonne Macazana, por su gentil invitación. Debo manifestar mi complacencia ante tan importante muestra que nos brinda de modo sintético, panorámico, la vida y obra de TODOS LOS ARZOBISPOS DE LIMA -32- con su retrato a color, su firma, así como las fechas y acciones más significativas de cada uno de ellos. De los dos primeros Loayza y Mogrovejo se muestran dos paneles, del resto uno. Se puede ver en el patio del I.R.A. 
Felicitaciones a su directora, mi estimada Dra. Ada Arrieta y su magnífico equipo. Sólo falta que pasen la voz y se beneficie el mayor número. 
Les comparto la invitación y el contenido de los paneles de Santo Toribio


lunes, enero 22, 2018

SANTO TORIBIO MOGROVEJO, OBISPO CALLEJERO, QUE FUE A LA OTRA ORILLA. Papa Francisco, Lima , 20 enero 2018

Discurso del Papa Francisco a los obispos del Perú

https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-francisco-a-los-obispos-del-peru-94957

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(ACI).- El Papa Francisco dirigió un discurso a los obispos del Perú en el que usó para la reflexión el modelo de Santo Toribio de Mogrovejo, santo peruano y Patrono del Episcopado Latinoamericano.

A continuación el texto completo del discurso del Pontífice:

Queridos hermanos en el episcopado: Gracias por las palabras que me han dirigido el Señor Cardenal Arzobispo de Lima, y el Señor Presidente de la Conferencia Episcopal en nombre de todos los presentes. Deseaba estar aquí con ustedes. Mantengo un buen recuerdo de su visita ad limina del año pasado. Creo que ahí hemos hablado muchas cosas....

Los días transcurridos entre ustedes han sido muy intensos y gratificantes. Pude escuchar y vivir las distintas realidades que conforman estas tierras en representación, y compartir de cerca la fe del santo Pueblo fiel de Dios, que nos hace tanto bien.

Gracias por la oportunidad de poder «tocar» la fe del Pueblo, ese pueblo que Dios les ha confiado. Es que aquí no se puede no tocar, si no tocas al pueblo, la fe del pueblo les toca a vos, las calles repletas, es una gracia.

El lema de este viaje nos habla de unidad y de esperanza. Es un programa arduo, pero a la vez provocador, que nos evoca las proezas de Santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de esta Sede y patrono del episcopado latinoamericano, un ejemplo de «constructor de unidad eclesial», como lo definió mi predecesor San Juan Pablo II en su primer Viaje Apostólico a esta tierra.[1]

Es significativo que este santo Obispo sea representado en sus retratos como un «nuevo Moisés». Como saben, en el Vaticano se custodia un cuadro en el que aparece Santo Toribio atravesando un río caudaloso, cuyas aguas se abren a su paso como si se tratase del mar Rojo, para que pudiera llegar a la otra orilla donde lo espera un numeroso grupo de nativos.

Detrás de Santo Toribio hay una gran multitud de personas, que es el pueblo fiel que sigue a su pastor en la tarea de la evangelización[2]-

Esta hermosa imagen me «da pie» para centrar en ella mi reflexión con ustedes. Santo Toribio, el hombre que quiso llegar a la otra orilla. Lo vemos desde el momento en que asume el mandato de venir a estas tierras con la misión de ser padre y pastor. Dejó terreno seguro para adentrarse en un universo totalmente nuevo, desconocido y desafiante. Fue hacia una tierra prometida guiado por la fe como «garantía de los bienes que se esperan» (Hb 11,1). Su fe y su confianza en el Señor lo impulsó, y lo va a impulsar a lo largo de toda su vida a llegar a la otra orilla, donde Él lo esperaba en medio de una multitud.

1. Quiso llegar a la otra orilla en busca de los lejanos y dispersos. Y para eso tuvo que dejar la comodidad del obispado y recorrer el territorio confiado, en continuas visitas pastorales, tratando de llegar y estar allí donde se lo necesitaba, y ¡cuánto se lo necesitaba!

Iba al encuentro de todos por caminos que, al decir de su secretario, eran más para las cabras que para las personas. Tenía que enfrentar los más diversos climas y geografías, «de 22 años de episcopado, 18 los pasó fuera de Lima, fuera de su ciudad recorriendo por tres veces su territorio».[3] Que iba desde Panamá, hasta el inicio de la capitanía de Chile, que no sé dónde empezaba, en este momento, quizás a la altura de Iquique. Como cualquiera de la diócesis de ustedes.

18 años recorriendo tres veces su territorio. Sabía que esta era la única forma de pastorear: estar cerca proporcionando los auxilios divinos, exhortación que también realizaba continuamente a sus presbíteros. Pero no lo hacía de palabra sino con su testimonio, estando él mismo en la primera línea de la evangelización.

Hoy le llamaríamos un Obispo «callejero». Un obispo con suelas gastadas por andar, por recorrer, por salir al encuentro para «anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie».[4] ¡Cómo sabía esto Santo Toribio! Sin miedo y sin asco se adentró en nuestro continente para anunciar la buena nueva.

2. Quiso llegar a la otra orilla no solo geográfica sino cultural. Fue así como promovió por muchos medios una evangelización en lengua nativa. Con el tercer Concilio Limense, procuró que los catecismos fueran realizados y traducidos en quechua y aymara. Impulsó al clero a que estudiara y conociera el idioma de los suyos para poder administrarles los sacramentos de forma comprensible. Utilizó la reforma litúrgica de Pío XII cuando empezó con este retomar la reforma de la Iglesia.

Visitando y viviendo con su Pueblo se dio cuenta de que no alcanzaba llegar tan solo físicamente, sino que era necesario aprender a hablar el lenguaje de los otros, solo así, llegaría el Evangelio a ser entendido y penetrar en el corazón. ¡Cuánto urge esta visión para nosotros, pastores del siglo XXI!, que nos toca aprender un lenguaje totalmente nuevo como es el digital, por citar un ejemplo. Conocer el lenguaje actual de nuestros jóvenes, de nuestras familias, de los niños.

Como bien supo verlo Santo Toribio, no alcanza solamente llegar a un lugar y ocupar un territorio, es necesario poder despertar procesos en la vida de las personas para que la fe arraigue y sea significativa. Y para eso tenemos que hablar su lengua. Es necesario llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de nuestras ciudades y de nuestros pueblos.[5]

La evangelización de la cultura nos pide entrar en el corazón de la cultura misma para que esta sea iluminada desde adentro por el Evangelio.

Estoy seguro que me conmovió anteayer en Puerto Maldonado, cuando entre todos los nativos que había ahí de tantas etnias, me conoció cuando tres me trajeron una estola, pintados, con sus vestimentas: eran diáconos permanentes, anímense, anímense, así lo hacía Santo toribio, y ahí no había diáconos permanentes. En su lengua y en su cultura, allí se metió.

3. Quiso llegar a la otra orilla de la caridad. Para nuestro patrono la evangelización no podía darse lejos de la caridad. Porque sabía que la forma más sublime de la evangelización era plasmar en la propia vida la entrega de Jesucristo por amor a cada uno de los hombres.

Los hijos de Dios y los hijos del demonio se manifiestan en esto: el que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano (cf. 1 Jn 3,10). En sus visitas pudo constatar los abusos y los excesos que sufrían las poblaciones originarias, y así no le tembló el pulso, en 1585, cuando excomulgó al corregidor de Cajatambo, enfrentándose a todo un sistema de corrupción y tejido de intereses que «arrastraba la enemistad de muchos», incluyendo al Virrey.[6]

Así nos muestra al pastor que sabe que el bien espiritual no puede nunca separarse del justo bien material y tanto más cuando se pone en riesgo la integridad y la dignidad de las personas. Profecía episcopal que no tiene miedo a denunciar los abusos y excesos que se cometen frente a su pueblo.

Y de este modo logra recordar dentro de la sociedad y de sus comunidades que la caridad siempre va acompañada de la justicia y no hay auténtica evangelización que no anuncie y denuncie toda falta contra la vida de nuestros hermanos, especialmente contra la vida de los más vulnerables. Es una alerta. Cualquier tipo de coqueteo mundano, que nos ata las manos por algunas migajas, la libertad del Evangelio.

4. Quiso llegar a la otra orilla en la formación de sus sacerdotes. Fundó el primer seminario postconciliar en esta zona del mundo, impulsando de esta manera la formación del clero nativo. Entendió que no bastaba llegar a todos lados y hablar la misma lengua, era necesario que la Iglesia pudiera engendrar a sus propios pastores locales y así se convirtiera en madre fecunda.

Para ello defendió la ordenación de los mestizos —cuando estaba muy discutida la misma— buscando alentar y estimular a que el clero, si se tenía que diferenciar en algo, era por la santidad de sus pastores y no por la procedencia racial.[7] Y esta formación no se limitaba solamente al estudio en el seminario, sino que proseguía en las continuas visitas que les realizaba. Estaba cerca de sus curas. Allí podía ver de primera mano el «estado de sus curas», preocupándose por ellos. Cuenta la leyenda que en las vísperas de Navidad su hermana le regaló una camisa para que la estrenara en las fiestas.

Ese día fue a visitar a un cura y al ver la situación en que vivía, se sacó su camisa y se la entregó.[8] Es el pastor que conoce a sus sacerdotes. Busca alcanzarlos, acompañarlos, estimularlos, amonestarlos —le recordó a sus curas que eran pastores y no comerciantes y por lo tanto, habrían de cuidar y defender a los indios como a hijos—. [9]

Pero no lo hace desde «el escritorio», y así puede conocer a sus ovejas y ellas reconocen en su voz, la voz del Buen Pastor.

5. Quiso llegar a la otra orilla, la de la unidad. Promovió de manera admirable y profética la formación e integración de espacios de comunión y participación entre los distintos integrantes del Pueblo de Dios. Así lo señaló San Juan Pablo II cuando, en estas tierras, hablándole a los obispos les decía: «El tercer Concilio Limense es el resultado de ese esfuerzo, presidido, alentado y dirigido por Santo Toribio, y que fructificó en un precioso tesoro de unidad en la fe, de normas pastorales y organizativas a la vez que en válidas inspiraciones para la deseada integración latinoamericana».[10]

Bien sabemos, que esta unidad y consenso fue precedida de grandes tensiones y conflictos. No podemos negar las tensiones, existen; las diferencias existen. Es imposible una vida sin conflictos, pero estos nos exigen, si somos hombres y cristianos, mirarlos de frente y asumirlos. Pero asumirlos en unidad, en diálogo honesto y sincero, mirándonos a la cara y cuidándonos de caer en tentación, o de ignorar lo que pasó o quedar prisioneros y sin horizontes que ayuden a encontrar caminos que sean de unidad y de vida.

Resulta inspirador, en nuestro camino de Conferencia Episcopal, recordar que la unidad siempre prevalecerá sobre el conflicto.[11] Queridos hermanos obispos, trabajen para la unidad, no se queden presos de divisiones que parcializan y reducen la vocación a la que hemos sido llamados: ser sacramento de comunión. No se olviden que lo que atraía de la Iglesia primitiva era ver cómo se amaban. Esa era, es y será la mejor evangelización.

Y a Santo Toribio le llegó el momento de cruzar hacia la orilla definitiva, hacia esa tierra que lo esperaba y que iba degustando en su continuo dejar la orilla. Este nuevo partir, no lo hacía solo. Al igual que el cuadro que les comentaba al inicio, iba al encuentro de los santos seguido de una gran muchedumbre a sus espaldas. Es el pastor que ha sabido cargar «su valija» con rostros y nombres. Ellos eran su pasaporte al cielo.

Y fue tan así que no quisiera dejar de lado el acorde final, el momento en que el pastor entregaba su alma a Dios. Lo hizo en un caserío, junto a su pueblo y un aborigen le tocaba la chirimía para que el alma de su pastor se sintiera en paz. Ojalá, hermanos, que cuando tengamos que emprender el último viaje podamos vivir estas cosas. Pidamos al Señor que nos lo conceda.[12] Recemos uno por los otros y recen por mí. Gracias.

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[1] Discurso al episcopado peruano (2 febrero 1985), 3.

[2] Cf. Milagro de santo Toribio, Pinacoteca vaticana.

[3] Jorge Mario Bergoglio, Homilía en la celebración Eucarística, Aparecida (16 mayo 2007).

[4] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 23.

[5] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 74.

[6] Cf. Ernesto Rojas Ingunza, El Perú de los Santos, en: Kathy Perales Ysla (coord.), Cinco Santos del Perú. Vida, obra y tiempo, Lima (2016), 57.

[7] Cf. José Antonio Benito Rodríguez, Santo Toribio de Mogrovejo, en: Kathy Perales Ysla (coord.), Cinco Santos del Perú. Vida, obra y tiempo, 178.

[8] Cf. ibíd., 180.

[9] Cf. Juan Villegas, Fiel y evangelizador. Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina, Montevideo (1984), 22.

[10] Juan Pablo II, Discurso al episcopado peruano (2 febrero 1985), 3.

[11] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 226-230.

[12] Cf. Jorge Mario Bergoglio, Homilía en la celebración Eucarística, Aparecida (16 mayo 2007).

 

martes, enero 02, 2018

SANTO TORIBIO EN Tercera edición del Misal Romano en lengua española para el Perú

Tercera edición del Misal Romano en lengua española para el Perú

La Iglesia que peregrina en el Perú, acogerá el próximo mes de enero la Visita Apostólica del papa Francisco. Al gozo de tener entre nosotros al sucesor de Pedro, se unirá el de comenzar a utilizar, en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, la tan esperada nueva edición del Misal Romano.

Se trata del texto oficialmente aprobado para el Perú de la editio typica tertia del Missale Romanum, por tanto, de la tercera edición de aquella primera del Misal reformado por mandato del Concilio Vaticano II y que fue promulgado en 1970 por la autoridad del beato papa Pablo VI.

Desde aquella primera edición, nuestra Conferencia Episcopal Peruana adoptó siempre la traducción al español de la Conferencia Episcopal Española. Tras la aparición de la tercera edición, los obispos peruanos hemos decidido continuar utilizando la traducción que la Santa Sede aprobó para España en el año 2015 con unas muy pocas adaptaciones a nuestros usos lingüísticos.

Gracias a la colaboración entre la Comisión Episcopal de Liturgia del Perú y los servicios editoriales de la Conferencia Episcopal Española, presentamos ahora esta nueva edición del Misal Romano que podemos considerar, por primera vez, propiamente peruana, pues en ella se introducen no solo dichas adaptaciones lingüísticas, sino que en el propio de los santos, junto con los del Calendario Romano General, aparecen única y completamente los propios reconocidos por la Santa Sede para el Perú.

La aparición de esta tercera edición del Misal Romano es, sin duda, un acontecimiento de gran importancia para la vida de la Iglesia en el Perú. No estamos ante la aparición de un libro más, sino ante un libro litúrgico que incluye en toda la vida y pastoral de la Iglesia, ya que la Eucaristía es el centro de toda la vida cristiana en donde celebramos el misterio de nuestra fe. Hemos de aprovechar esta ocasión para dar un nuevo impulso a nuestras celebraciones apreciando más este tesoro que la Iglesia pone ahora en nuestras manos, superando el cansancio y la monotonía, yendo más directamente a lo esencial.

Así, la celebración de la Santa Misa sera´ verdaderamente la fuente primordial de la vida cristiana en nuestras parroquias y comunidades, de manera que todos, empapados en el misterio de Cristo, podamos decir, como san Pablo: «No soy yo, es Cristo quien vive en mi´» (Gal 2, 20).


+ Raúl Antonio Chau Quispe 
Obispo titular de Aveia y auxiliar de Lima 
Presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia del Perú 

jueves, diciembre 07, 2017

La herencia de Santo Toribio de Mogrovejo brilla en la Iglesia. Edición "Actas Tercer Concilio Limense"

La herencia de Santo Toribio de Mogrovejo brilla en la Iglesia

El lunes 04 de diciembre, el Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, participó de la presentación del libro del Tercer Concilio Limense (1583-1591) en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma.

Esta publicación reúne los documentos del Tercer Concilio Limense y el esfuerzo del entonces Arzobispo de Lima, Toribio de Mogrovejo, por buscar que la Iglesia responda a los nuevos retos misioneros de la Iglesia.

Este libro es una edición de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima y de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y editorial San Pablo para su publicación.

El Cardenal Juan Luis meditó también con los presentes la importancia que aún tiene este documento para la Iglesia: "De esta manera, el Tercer Concilio Limense, convocado por el segundo arzobispo de Lima, Toribio de Mogrovejo, nació impregnado del espíritu misionero y apostólico de la Iglesia. Acercarnos hoy a sus decretos significa renovar nuestro deseo de no cesar en el propósito que nuestros antecesores, clérigos y laicos, llevaron a cabo por mandato de Cristo: Id y haced discípulos a todas las gentes. El Papa Francisco nos lo recuerda con tanta sencillez como con insistencia: «Hoy, en este "id" de Jesús, están presentes los escenarios y desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva "salida" misionera… salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio»".

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También se recordó el mensaje que el Papa Emérito Benedicto XVI envió el 23 de marzo del 2006, con motivo de las celebraciones del IV Centenario de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo donde exhortaba a la Iglesia en el Perú y, en particular, a la Arquidiócesis de Lima, a reavivar el camino de la Iglesia en las diversas diócesis, inspirándose en la vida y obra de santo Toribio. Por este sentido, la presente edición del Tercer Concilio Limense, representa una respuesta filial de la Arquidiócesis de Lima a la llamada de Benedicto XVI. Como también a la memoria de San Juan Pablo II, quien declaró a Santo Toribio, como patrono del episcopado latinoamericano, por su ejemplo de apóstol fiel a la misión de la Iglesia en el mundo.

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Finalmente, el Arzobispo de Lima felicitó a los editores y a todos los que hicieron posible esta publicación. "Estoy convencido que el estudio y la publicación de los decretos del Tercer Concilio Limense nos ayudará a dejarnos contagiar por el auténtico amor misionero que Santo Toribio infundió en su entrega y servicio al pueblo de Dios. En palabras del Santo Padre Francisco en la última visita ad limina de los obispos peruanos: salgan al encuentro de la gente, salgan con el testimonio personal… no palabrerías, sino que se te vea".

Estuvieron presentes en la ceremonia el Rector de la Universidad de la Santa Cruz, profesor Luis Felipe Navarro; la embajadora del Perú ante la Santa Sede, Sra. María Elvira Velásquez Rivas-Plata; el Rector de la Iglesia Nacional Española de Santiago y Monserrat, Mariano San González; y los autores del libro, los profesores Luis Martínez y José Luis Gutiérrez.

El libro se encuentra a la venta en la librería de la Facultad de Teología Pontificia y en la red de librerías de la editorial San Pablo.

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miércoles, diciembre 06, 2017

Presentazione del libro "Tercer Concilio Limense (1583-1591)" en Roma, 4-XII-2017


Presentazione del libro "Tercer Concilio Limense (1583-1591)"

Lunedì 4 dicembre 2017 (ore 15.30, Aula Álvaro del Portillo) si è tenuta la presentazione del libro Tercer Concilio Limense (1583-1591), opera dei proff. Luis Martínez Ferrer (curatore) e José Luis Gutiérrez (traduttore). 

La presentazione, organizzata in collaborazione con l'Ambasciata del Perù presso la Santa Sede, è stata presieduta dall'Arciviescovo di Lima e Primate del Perù, Card. Juan Luis Cipriani Thorne.

Il libro è pubblicato dalla casa editrice San Paolo, dalla Facoltà di Teologia Pontificia e Civile di Lima e dalla nostra Università.

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sábado, noviembre 25, 2017

Santo Toribio de Mogrovejo de Pataz participará en la misa del Papa Francisco

Santo Toribio de Mogrovejo participará en la misa del Papa Francisco

Construirán un "Toribiomóvil" para transportarlo desde Pataz hasta Trujillo
Santo Toribio de Mogrovejo participará en la misa del Papa Francisco

Santo Toribio de Mogrovejo participará en la misa del Papa Francisco

25 de Noviembre del 2017 - 12:58 » Textos: Redacción » Fotos: Correo

El santo patrón de la provincia de Pataz, Toribio de Mogrovejo, llegará hasta la ciudad de Trujillo de manera inédita. Esto debido a que el alcalde provincial, Robert Bogarín Vigo, anunció que construirán un "Toribiomóvil" para trasladar al reconocido beato desde Tayabamba hasta la ciudad de Trujillo en su visita al Papa Francisco

La autoridad edil detalló que el patrono llegará por invitación del arzobispo de Trujillo, Miguel Cabrejos Vidarte, para participar de la visita que hará el Papa Francisco el día sábado 20 de enero del año 2018.

Santo Toribio formará parte de la misa que el Sumo Pontífice ofrecerá a más de un millón y medio de feligreses en el distrito de Huanchaco. La celebración litúrgica contará también con las sagradas imágenes de la Inmaculada Virgen de la Puerta de Otuzco, la Virgen de la Alta Gracia de Sánchez Carrión, la Virgen Candelaria del Socorro de Huanchaco, la Virgen de las Mercedes de Paita (Piura), la Santísima Cruz de Chalpón de Motupe y el Divino Niño del Milagro de Eten (Lambayeque), entre otras.

"Estamos realizando las coordinaciones para adaptar una camioneta y convertirla en el vehículo oficial de Santo Toribio. Vamos a tomar todas las precauciones para trasladar de manera íntegra a nuestro patrono debido a que nunca ha salido fuera de la provincia. No descartamos hacer una escolta especial para cuidar al 'Toribiomovil' que recorrerá más de 10 horas de viaje desde Tayabamba hasta Trujillo", señaló. 

Santo Toribio de Mogrovejo es el patrono representativo de Pataz desde el año 1605 en homenaje a su llegada hasta la lejana provincia del ande liberteño durante su peregrinaje nacional cuando era el segundo arzobispo de la ciudad de Lima.

"Esta es una oportunidad histórica para que el mundo entero sepa de nuestra provincia. De acuerdo a las sugerencias de la prelatura de Huamachuco traeremos una vestimenta especial para rendir homenaje al Santo Padre. Esperamos que el Papa de la iglesia católica derrame sus bendiciones en favor de Pataz para poder salir de la pobreza y desarrollarnos en una sociedad de fe, amor, unión y paz",  señaló Bogarín. 

domingo, noviembre 12, 2017

Bambamarca, Trujillo, Perú. La iglesia visitada por Santo Toribio de Mogrovejo

CRÓNICA DE VIAJE

El templo del olvido

Una fantástica iglesia del siglo XVII, en Bambamarca, provincia Bolívar en La Libertad, se resiste a caer. Los fieles le pusieron candado para evitar que manos impías rapten a sus santitos y desmantelen los altares de pan de oro.

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11/11/2017


Don Roberto Garro aún recuerda la última vez que hubo misa en la iglesia. Fue de madrugada, pues como ese día hubo fiesta, todo comenzó en penumbra, al ritmo que imponían los cantos de ranas y mucho antes que se despabilaran los gallos.

Por eso, las cadenetas chuecas pegadas con engrudo en los tarugos de madera. Por eso, las flores para camuflar ese bálsamo de pátina que invadía el pueblo cada vez que abrían las puertas del templo. Por eso, su padre fue comisionado para dejar el atrio como Dios manda y evitar, de paso, los sapos y culebras que soltaba el curita de Huamachuco cuando llegaba a bautizar muchedumbres o a casar parejas amancebadas, con la iglesia de cabeza.

Pero todo esto pasó cuando su memoria era incapaz de marcar en el calendario. Pudo ser durante el mundial de España 82, en las fiestas marianas luego de que el general Juan Velasco le diera el golpe a Fernando Belaunde, tras las terribles tercianas que arrasaron con las vacas lecheras o unas semanitas antes de que Karol Wojtyla se confesara charapa.

Don Roberto no sabe, no precisa. Lo que sí recuerda es la indiferencia sistemática de las autoridades para restaurar la iglesia que tantos favores le hizo a la grey de Bambamarca, el encantador pueblo de piedra donde Santo Toribio de Mogrovejo pasó el sombrero recolectando cadenas y anillos para solventar su extirpación de idolatrías.

Familia mística

Pero lo que no dice Roberto lo cuenta con lujo de detalles el buen Telmo, su hijo y representante de la tercera generación de los Garro dedicados al apostolado en la iglesia construida en 1672 y que tiene como patrono a San Martín de Tours, el oficial romano que luego de compartir su capa con Jesucristo se perdió en los misterios de la santidad.

En un misticismo con el cual también coquetea la familia Garro. Todos los domingos se encargan de la liturgia, pero también de barrer el salón, ponerle flores a las vírgenes de marfilina, acomodarle los cabellos a los santos de arcilla y limpiarle los rostros de madera a esos ángeles escuálidos que alguna vez lucieron imponentes, pero que hoy solo amenazan con venirse abajo.

Sin embargo, los altares apolillados no pueden opacar la belleza de este templo con figuras de yeso y frescos coloniales sobre tabiques de quincha. Retablos andinos que guarecen a mártires y apóstoles hispanos, desnudan la riqueza de un sincretismo religioso en estado casi virginal. Estas piezas no han sido contactadas. Conservan la belleza nativa del arte barroco, churrigueresco y gótico que curas de otros tiempos pusieron en Bambamarca porque era la puerta de entrada a la selva, a esa jungla de donde casi siempre sus evangelizadores regresaban flechados y no precisamente de amor.

Pobreza extrema

Jhiordin, Sulmy, Arístides y Sheyla juegan en la plaza de Armas de Bambamarca mientras el cielo, mitad serrano mitad amazónico, se enciende y amaga con desatar el apocalipsis en este poblado que en el 2003 fue catalogado como el segundo distrito más pobre del Perú. En el 2013 repitió el plato y apareció en el desafortunado top ten, pero de eso nada saben los pequeños.

Juegan a la pelota, pero mi cámara fotográfica les jala el ojo. Me miran de costado, pero bastó que les pregunte si querían tomar fotos para que su recelo baje la guardia. Mientras Sulmy juega con el zoom, Jhiordin me cuenta que aquí viven de la chacra. Que siempre sobra mashua, quinua, trigo, cebada, olluco, rocoto, papa y lenteja. Arístides, sorprendido al saber que tiene nombre de intelectual griego, me cuenta en tono confidencial que comen gallina, cuyes, conejos y pollos, pero cuando hay santo, sirven chanchito o carne de res.

Con tanta abundancia cuesta creer que la pobreza extrema echó raíces en este pueblo citado en dos obras de Ciro Alegría y donde la gente parece saludable y es hablantina por naturaleza. Sin embargo, basta caminar por el casco urbano para intuir la razón del singular ranking: la mayoría de casas son hermosas construcciones de piedra laja y techo de paja, materiales que algún censador sin criterio confundió con simples rocas. Entonces, para el resto del país, los bambamarquinos fueron etiquetados como meros hombres de las cavernas.

A Telmo Garro de la Cruz, profesor de los 141 alumnos matriculados este año en el colegio Túpac Amaru, la estadística de la pobreza le saca roncha. Historiador, músico y escritor, es una especie de erudito que frunce el ceño al descubrir el porqué es conocido su pueblo en todo el país.

Cuidando el templo

Don Roberto avanza despacito entre cabras que campanillean, entre gallinas cariocas y niños que le abren paso y lo miran con curiosidad. Se sienta en el atrio de la iglesia y nos pide que hagamos algo porque ya se está cansando. Que "ochentipico" años ya pesan, que espera que pronto arreglen la iglesia para marcharse en paz.

Cae la noche, el frío se cuela hasta los huesos y la gente cierra sus puertas. Los cantos de ranas invaden el pueblo como cuando abren las puertas del templo y ese aroma a omisión se escurre hasta la cancha de fútbol que fue laguna.

Esto es Bambamarca y su gente mantiene la fe intacta. Siguen guardando sus mejores trajes para el día en que sus santos y vírgenes desvencijados recuperen la lozanía y salgan nuevamente en procesión de esa iglesia que hoy los Garro protegen de las aves de rapiña y la indolencia nacional. 

El pueblo que espera

Don Roberto hubiera querido que supieran de Bambamarca por la iglesia colonial donde Santo Toribio perdonó pecados a punta de dádivas, por su fantástica plaza y damero de piedra laja, por la historia de Chuquimanko y sus victorias sobre Huaraco, la fiera que comía niños, y sobre el brujo que sometía a las mujeres bonitas y ajenas. Pero no. Nada de eso se sabe y por eso escarba en su memoria y cuenta que el historiador Pablo Macera mandó hace años una comisión de historiadores y antropólogos que se fue diciendo que ya volvía. Que ahorita nomás regresaba para hacer un documental y restaurar la dignidad del pueblo. Que un comercial y regresaba. Los investigadores se fueron anonadados y encantados por Bambamarca, eso sí, pero hasta ahora los siguen esperando. (Martín Vargas)

lunes, octubre 30, 2017

OBISPOS PARTICIPANTES EN EL TERCER CONCILIO LIMENSE. SEMBLANZAS

OBISPOS PARTICIPANTES EN EL TERCER CONCILIO LIMENSE. SEMBLANZAS

"Obispos participantes en III Limense. Semblanzas". Tercer concilio
limense (1583-1591). Edición bilingüe de los decretos (Editor Luis
Martínez Ferrer; traductor José Luis Gutiérrez) (Pontifica Università
Santa Croce-San Pablo-Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima,
99-110).


1. Santo Toribio, Lima
2. Alonso Ávalos de Granero (Charcas
3. Guerra, Alonso (Asunción)
4. Lartaún, Sebastián de (Cuzco),
5. Medellín, Diego de (Santiago de Chile)
6. Peña, Pedro de la (Quito)
7. San Miguel, Antonio de (La Imperial)
8. Victoria, Francisco de (Tucumán)

1. SANTO TORIBIO ALFONSO DE MOGROVEJO
Nace en 1538, en Mayorga (Valladolid-España), encrucijada de caminos,
entre las actuales comunidades autónomas de Castilla-León, Asturias,
Cantabria y Galicia. En 1551 inicia sus estudios de Gramática y
Humanidades en Valladolid, capital del mundo hispánico. En 1562 acude
a Salamanca donde enseña su tío Juan Mogrovejo, catedrático
universitario. En 1569 obtiene el título de bachiller en Cánones y en
1571, peregrina a Compostela, y se licencia en Derecho. Cuando cursaba
estudios de doctorado en el Colegio San Salvador de Oviedo, en 1574,
se le nombra para Granada como Inquisidor Apostólico. En 1580, es
propuesto como arzobispo; contaba con 39 años y necesitó una apurada
ordenación sacerdotal en Granada como paso indispensable para la
consagración episcopal en Sevilla, el mismo año. Llegó al puerto de
Paita, Piura, en marzo de 1581 e ingresó en Lima, capital del Perú el
12 de mayo del mismo año.
Durante su trabajo episcopal en Lima convocó y presidió el III
Concilio Limense (1582-1583), al cual asistieron prelados de toda
Hispanoamérica, y en el que se trataron asuntos relativos a la
evangelización de los indios. De esa histórica asamblea se obtuvieron
importantes normas de pastoral, así como textos de catecismo en
castellano, quechua y aymara (los primeros libros impresos en
Sudamérica). Convocó y presidió otros dos concilios, el IV Limense, en
1591, y el V Limense, en 1601.
Santo Toribio visitó innumerables poblados de su amplio territorio,
uno de los más extensos y difíciles del mundo. A las visitas
pastorales dedicó 17 de sus 25 años de obispo, recorriendo
aproximadamente 40.000 kilómetros. Confirió la confirmación a Santa
Rosa, San Martin de Porres, a San Juan Macías, y a un millón más de
personas. Celebró 13 sínodos y en 1591 acomete una obra decisiva, la
creación del Seminario que -dedicado en su día a Santo Toribio de
Astorga- hoy lleva su nombre. Se siente, ante todo, pastor dispuesto a
dar su vida por sus ovejas. A tal efecto crea nuevas parroquias. De
igual modo, impulsará instituciones destinadas a la formación de
líderes espirituales, académicos y sociales, en los monasterios como
el de Santa Clara, hospitales como el de San Pedro, la Universidad de
San Marcos, la Casa del Divorcio. En 1593 inicia la segunda visita y
en 1605 la tercera, falleciendo en 1606, un 23 de marzo, en Saña. Al
año siguiente, 1607, un 27 de abril, es enterrado en Lima.
A los sesenta y ocho años Santo Toribio cayó enfermo en Pacasmayo al
norte de Lima, hizo su testamento en el que dejó a sus criados sus
efectos personales y a los pobres el resto de sus propiedades. Murió
en Zaña el 23 de marzo de 1606. El "protector de los indígenas" fue un
infatigable misionero y gran organizador de la Iglesia sudamericana.
Santo Toribio fue beatificado por el Papa Inocencio XI en 1679 y
canonizado por Benedicto XIII en 1726.
En 1983 San Juan Pablo II lo proclamó Patrono del Episcopado
latinoamericano. Con motivo de su visita al Perú en 1985, el Santo
Padre propuso a Santo Toribio como modelo de obispo para la nueva
evangelización por su santidad de vida, por su compromiso en la
defensa de los derechos humanos de los indígenas, por su sintonía con
la Iglesia de Roma y por su eclesiología de comunión.

BIBLIOGRAFÍA:
BENITO RODRÍGUEZ J.A.:1991. "La promoción humana y social del indio en
los concilios y sínodos de Santo Toribio" Actas del IV Congreso
Nacional de Americanistas "Castilla en América" (Caja España,
Valladolid, t.III, pp.279-294 2001. Crisol de lazos solidarios:
Toribio Alfonso Mogrovejo Universidad Católica "Sedes Sapientiae" y
Ministerio de Educación y Cultura de España, Lima, 275 pp 2002 "La
entrada de Santo Toribio en Lima, 1581" 9-34 Revista Peruana de
Historia Eclesiástica 8, Cuzco, 115-154. 2006. Libro de visitas de
Santo Toribio (1593-1605) (Colección Clásicos Peruanos, Pontificia
Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial 2006, pp.450+ Introdu.
LVI) Introducción, transcripción y notas. 2007. "La nueva cristiandad
de las Indias" o la imagen de Iglesia en tiempos de Santo Toribio
Mogrovejo" (1580-1606) Revista Teológica Limense, Facultad de Teología
Pontificia y Civil de Lima. Vol.XXXVI, nº 1, 65-90l 2007.
CASTAÑEDA DELGADO, P. "La jerarquía de la Iglesia en Indias" El
Pensamiento hispánico en América: Siglos XVI-XX, Bibliotheca
salmanticensis, Estudios 302, Universidad Pontificia de Salamanca,
2007, 27-46
DEL RÍO, Javier La evangelización del Perú en tiempo de Santo Toribio
de Mogrovejo Biblioteca Redemptoris Mater nº 2, Facultad de Teología
Redemptoris Mater, Callao, 2008,
GARCÍA IRIGOYEN, C. Santo Toribio Lima 1904 (4 tomos) Santo
Toribio...Las fiestas centenarias. 2t Librería San Pedro Lima 1908.
GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Fidel: "Toribio de Mogrovejo, modelo de pastor en
la iglesia americana de su tiempo"Toribio de Mogrovejo: Misionero,
santo y pastor. Actas del Congreso Académico Internacional (Lima 24-28
de abril de 2006) Arzobispado de Lima-PUCP, Lima, 2007, pp. 31-101
"Santo Toribio de Mogrovejo, gran apóstol de la evangelización del
nuevo mundo" L´Osservatore romano Roma, nº 19, 12 de mayo de 2006,
pp. 9-11
GRIGNANI, Mario La Regla Consueta de Santo Toribio de Mogrovejo y La
primera organización de la iglesia americana Ediciones Universidad
Católica de Chile, Santiago de Chile, 2009, 274 pp.
LEÓN PINELO, Antonio de Vida del Ilustrísimo y Reverendísimo D.
Toribio Alfonso Mogrovejo, Arzobispo de la ciudad de los Reyes. Madrid
1653. Lima 1906.
LEVILLIER, R. Santo Toribio de Mogrovejo, organizador de la Iglesia en
el Virreinato del Perú, Madrid, 1920
NIETO VELEZ, Armando Santo Toribio de Mogrovejo Revista Histórica Tomo
XLII, 2005-2006, pp.249-258
RODRÍGUEZ VALENCIA, V. Santo Toribio de Mogrovejo, organizador y
apóstol de Suramérica (Madrid CSIC 1957) 2 t. Santo Toribio Alfonso
Mogrovejo, natural de Mayorga. VIII EFPO, Gran Promesa Valladolid
"Santo Toribio de Mogrovejo" 2000 años de cristianismo (VI "La Reforma
Católica) Sedmay Ediciones Madrid 1979 - "El clero secular de
Suramérica en tiempos de Santo Toribio de Mogrovejo" Anthologica Annua
5, Roma 1957, 313-415
SARANYANA, J.I. La teología conciliar en tiempos de STM Revista
Peruana de Historia Eclesiástica, Cuzco, 125-160

2. ÁVALOS DE GRANERO, ALONSO
Clérigo, natural de Villaescusa (Zamora), hijo de Alonso Granero «el
viejo» e Isabel de Ávalos, por parte de padre de la familia de los
Granero, uno de los apellidos más antiguos de Alarcón. Descendiente de
la Casa de Toledo.
Estudió en el Colegio Mayor de Cuenca de la Universidad de Salamanca
donde obtuvo el doctorado en teología y cánones.
Después de ordenado "in sacris" obtuvo una prebenda en la Catedral de
Guadix, llegando a presidir a sus capitulares como deán. Asimismo,
ocupó la plaza de fiscal en la Inquisición de Llerena. Don Pedro Moya
de Contreras, Inquisidor Mayor de Nueva España, al ser nombrado
arzobispo de México, con acuerdo del Rey y del Real Consejo de Indias,
lo designó para cubrir la vacante que él dejaba en aquel Tribunal. Se
embarcó en Sevilla al comenzar 1574; y tomó posesión de su cargo el 7
de octubre de aquel mismo año. Parece que buscó su medro personal.
Preconizado obispo de Charcas el 9 de enero de 1579, por Gregorio
XIII, se consagró en la ciudad de México antes de iniciar el viaje.
Viajó por Guatemala y Nicaragua y llegó a Lima en 1581; y a su sede
platense en 1582. Se incorporó al concilio en marzo de 1583 en el que
favoreció al quisquilloso obispo de Cuzco Sebastián de Lartaún.
Falleció en La Paz (Bolivia) el 19 de noviembre de 1585.
Es notorio el juicio desfavorable que le mereció su gestión episcopal
a Fr. Reginaldo de Lizárraga en Descripción breve de toda la tierra
del Perú..., Lib. II, cap. V, 112.
En su testamento mandó comprar una capilla en el convento de los
dominicos de Villaescusa de Haro, fundado por el obispo de Cuenca
Sebastián Ramírez de Fuenleal en 1542, hoy en ruinas, bajo el
patronazgo de sus familiares y con la condición de que si un patrón se
llamase Granero de Alarcón, el siguiente se llamase Ávalos de Toledo


BIBLIOGRAFÍA:
DURÁN, J.D. El Catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus
complementos pastorales (1584 85) Estudio preliminar. Textos. Notas
Buenos Aires 1982.
EGAÑA, A. de Historia de la Iglesia en la América Española BAC,
Madrid, 1956, 219-431
GARCÍA IRIGOYEN, C. Santo Toribio Lima 1904, T.I
SARANYANA, Josep-Ignasi (dir.), Teología en América Latina, vol. I:
"Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión", 1493-1715,
Iberoamericana - Vervuert, Madrid - Frankfurt am Main 1999.
-----------------------------
3. GUERRA, FRAY ALONSO
Parece que fue natural de Cáceres. Emprendió viaje al Perú muy joven
como mercader, estableciéndose en Piura donde fue dueño de un barco en
sociedad con otro comerciante, para la carrera entre Panamá y Lima
(1537).
En 1547 solicitó vestir el hábito dominico en el Convento del Rosario
de Lima. Al año siguiente emitió los votos y comenzó los cursos de
artes y teología en las aulas del mismo claustro. Se destacó como
cantor y director del coro conventual. Años más tarde fue designado
Prior de Arequipa.
Luego actuó como Definidor en el Capítulo celebrado en Lima en 1569.
Desde ese año hasta 1571 fue Prior del Rosario de Lima y Rector del
Estudio General. Ante la intervención del virrey Francisco de Toledo
renunció a su alto cargo en la orden y se retiró a Huamanga.
Por razones de salud tuvo que declinar ambos cargos, retirándose en
busca de buenos aires al Convento de Santa Ana de Huamanga. Fue
presentado por Felipe II el 23 de setiembre de 1577. El Consejo de
Indias en su informe al Rey aseguraba que era "muy buen letrado y
predicador, y de muy buena vida y ejemplo, y ha muchos años que está
en el Perú enseñando y doctrinando" (AGI, Charcas, 1).
En Huamanga recibió en 1578 la noticia de su promoción a la sede
episcopal de Asunción del Paraguay. Durante cuatro años permaneció en
Lima sin consagrarse por falta de recursos. Gracias a los socorros del
Virrey Enríquez y de Santo Toribio se le impusieron las manos cuatro
días antes de abrirse el concilio.
Creó pronto el Seminario con doce jóvenes a los que él mismo enseñaba
como profesor. in embargo, pronto entró en conflicto con las
autoridades civiles, entre ellos el gobernador Juan Torres de Vera y
Aragón, por la carencia de rentas y el cobro de los diezmos, a tal
extremo que terminó siendo expulsado de la provincia, luego de un
motín promovido por los alcaldes y encomenderos (1590).La enseñanza
quedó a cargo de Fray Bolaños, quien fue ordenado por el obispo Guerra
en 1585.
Gobernó la diócesis desde septiembre de 1585, hasta 1589. Fue
promovido al obispado de Michoacán, en México, donde murió el 28 de
junio de 1596. Dice el historiador Montalvo "con tan singular bondad y
desinterés, que si en el estado de religioso le faltó hacienda para
ungirse, en el de Obispo no la tuvo para enterrarse"

BIBLIOGRAFÍA:

DURÁN, J.D. El Catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus
complementos pastorales (1584 85) Estudio preliminar. Textos. Notas
Buenos Aires 1982.
EGAÑA, A. de Historia de la Iglesia en la América Española BAC,
Madrid, 1956, 179-180.
GARCÍA IRIGOYEN, C. Santo Toribio Lima 1904, T.I, p.111
http://www.portalguarani.com/detalles_museos_otras_obras.php?id=103&id_obras=2678&id_otras=369
SARANYANA, Josep-Ignasi (dir.), Teología en América Latina, vol. I:
"Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión", 1493-1715,
Iberoamericana - Vervuert, Madrid - Frankfurt am Main 1999.
4. LARTAÚN, SEBASTIÁN DE
Nace en Oyarzun (Guipúzcoa) a mediados del siglo. Los primeros
estudios los realizó en el Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de
Henares; y en la célebre Universidad obtuvo el doctorado en cánones.
Fue catedrático en la Facultad de Artes de Alcalá entre 1545 y 1549,
junto al maestro Pedro Serrano autor de un comentario a las "Éticas"
de Aristóteles. En 1566 visitó la Universidad y ordenó arreglar la
cárcel y los colegios menores.
Fue rector de la iglesia de Aizarnazabal y, siendo colegial de la
Universidad de Oñate, fue rector en cuyo puesto fueron aprobadas las
constituciones en 1551 por él. En su tierra natal gozó de un beneficio
entero; también en Alcalá disfrutó de una prebenda de canónigo en la
Colegiata de San Justo y Pastor. En el ejercicio de su ministerio, fue
beneficiado con una canonjía, en la iglesia de Calahorra
Electo obispo de Panamá, no prosperó. Preconizado para ocupar la
diócesis vacante del Cuzco (4 de setiembre de 1570), fue consagrado en
la iglesia de San Esteban de Oyarzun el 12 de agosto de 1571 y al año
siguiente sale de Sevilla para Nombre de Dios en la flota de 1572 y
tomó posesión de su sede el 28 de junio de 1573,
Su vida quisquillosa comenzó en su tierra pues antes de salir ya le
abrieron dos pleitos en el tribunal eclesiástico de Pamplona por
considerar que su promoción episcopal era incompatible con el disfrute
del beneficio entero que gozaban en Oyarzun; la sentencia declara
vacante el beneficio por la consagración episcopal y es adjudicado a
los votados por los vecinos. El segundo litigio de 1575 le enfrente
con el Regimiento del valle de Oyarzun, acerca de la licencia para
construir una capilla en la iglesia parroquial.
Debido a la larga sedevacancia y a su carácter batallador, en su
diócesis se enemistó tanto con el clero secular como con el regular,
así como con las autoridades civiles; con los primeros, por exigirles
un porcentaje de sus entradas, con los religiosos por ir contra los
privilegios pontificios y con la autoridad civil por oponerse a sus
tendencias regalistas. Choca con el cabildo secular por la publicación
de la "Bula de la Cena", la protección de los indios y la inmunidad de
personas y lugares reservados al culto.
Ferviente defensor de la causa de los indios oprimidos, autor de una
Relación del origen, descendencia, política y gobierno de los Incas,
pronto entró en conflicto con su cabildo debido a las exigentes
reclamaciones sobre la parte que le correspondía en la percepción de
los diezmos. Se opuso asimismo, a la erección de la diócesis de
Arequipa, que debía desprenderse de la del Cuzco en atención a lo
solicitado por su antecesor en la sede, fray Juan Solano.
Durante el III Concilio Limense (1582) se enfrentó a las
recriminaciones del arzobispo Toribio de Mogrovejo; pero lejos de
aceptarlas y moderar sus exigencias de rentas y pensiones, llegó
incluso a promover alborotos mediante gente armada. La tormenta se
desató por la acumulación de memoriales -hasta 23 acusaciones por
parte del Cabildo secular- contra el obispo del Cuzco, Mons. Sebastián
de Lartaún y la respuesta intempestiva del mismo. En el Concilio será
protagonista de los conflictos más enconados frente a Mogrovejo. El
cabildo del Cuzco junto a ciertos vecinos presentó a consideración de
los padres conciliares una acusación contra su Obispo, Sebastián
Lartaún. Se le llegaba a acusar hasta de ser responsable de la muerte
del canónigo Juan de Vega y de haberse apropiado de más de 30.000
pesos de la fábrica de la catedral; de hecho, en su testamento pide
perdón. No es fácil comprender la conflictiva situación. Por ejemplo,
entre las denuncias del cabildo seglar del Cuzco no se cita la muerte
del canónigo Vera, en la cárcel de Lima por prisión decretada por
Lartaún; el luctuoso hecho estaba más que justificado pues era público
su amancebamiento con una prima carnal y la muerte fue puro accidente.
Desde ese momento los obispos se dividieron en dos facciones,
pronunciándose a favor o en contra de Lartaún. Las sesiones se
paralizaron, dedicándose los prelados a estériles y apasionadas
discusiones. Santo Toribio, que se mantenía neutral en el conflicto,
intentó poner paz y retomar a los asuntos propios de la reunión.
La gravedad de las denuncias movió al arzobispo Mogrovejo a aceptarlas
y examinarlas con el fin de que Lartaún se exculpase. El santo optó
por ordenar una investigación comisionando a varios de los asistentes
que, después de controversias y declinaciones, recayó en el fiel
provisor y vicario general Valcázar. Todos los obispos, salvo el de La
Imperial, apoyaron al santo. Muerto el virrey Almansa, firme apoyo del
arzobispo, éste pensó en disolver el concilio. El obispo de Cuzco, no
sólo negaba la incompetencia del mismo, sino que llegó sostener que el
proceso no podía llevarse a cabo fuera del concilio. El santo propuso
entonces remitir el proceso a Roma. Al efecto, en vísperas de Semana
Santa, suspendió en concilio hasta la Pascua de Resurrección indicando
a los padres conciliares que se retirasen.
El tacto de Mogrovejo fue confundido con debilidad. Sin poder ocultar
su pesimismo y desazón, el Virrey Enríquez escribe al Rey criticando a
los prelados ya su amigo el Arzobispo: "Esto no es estar en
reformación sino en exceso de codicia, que no digo ya en prelados,
pero aún en hombres particulares era muy gran exceso". "El Arzobispo
es muy noble hombre, más tiene poca resolución por ocasión de sus
escrúpulos". Se equivocaba el Virrey. Como hombre de leyes, Toribio
deseaba que se agoten las instancias legales, pero estaba dispuesto
allegar a las últimas consecuencias con el fin de sacar adelante el
concilio. Para el 23 de marzo de 1583 el Arzobispo había, al parecer,
aguardado .demasiado, como él mismo relata.
El 19 de abril de 1583 el arzobispo metropolitano reabrió en efecto el
concilio a costa de su propia humillación y pese a la animosidad
latente. Don Sebastián de Lartaún se permitió afirmar ante el legado
real que el arzobispo "no era cabeza ni presidente del concilio, sino
el Espíritu Santo". Continuaban pues las tensiones, pero el santo
arzobispo logró convencer a los padres conciliares para que se
prescindiese de la causa judicial del Cuzco y en cambio se ofreciese
al pueblo cristiano los esperados decretos de reforma.
Muere sorpresivamente en pleno Concilio, el 9 de octubre de 1583,
siendo enterrado en el convento grande de San Agustín de Lima. Su
testamento está en el AGN, protocolo del escribano Alonso de Valencia,
1584, en el que destacan estas sentidas palabras: "Su Señoría perdona
de.muy buen corazón a todas aquellas personas que le han ofendido e
injuriado, por escrito o de palabra o de otra manera, porque Dios
Nuestro Señor le perdone sus culpas y pecados y les pide perdón si les
ha injuriado" Como subraya A. Egaña "esta sombra ha enlutado su figura
y ocultado la otra faceta de su actividad episcopal, íntegra y
canónicamente positiva".

BIBLIOGRAFÍA:
ARAMBURU ZUDAIRE, José Miguel "D. Sebastián de Lartaún, obispo
guipuzcoano en Cuzco" 377-393 Evangelización y teología en América
(siglo XVI): Simposio Internacional de Teología de la Universidad de
Navarra, vol. I, Pamplona, Servicio de Publicaciones de la Universidad
de Navarra, 1990, 377-393

DURÁN, J.D. El Catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus
complementos pastorales (1584 85) Estudio preliminar. Textos. Notas
Buenos Aires 1982.
EGAÑA, A. de Historia de la Iglesia en la América Española BAC,
Madrid, 1956, 219-431
GARCÍA IRIGOYEN, C. Santo Toribio Lima 1904, T.I, p.110
NIETO VÉLEZ, A. Voz "Lartaún, Sebastián de" Diccionario Biográfico
Español de la Real Academia de la Historia vol. XXXIV, Madrid, 2011
Vol..XXIX, pp.128-129
SARANYANA, Josep-Ignasi (dir.), Teología en América Latina, vol. I:
"Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión", 1493-1715,
Iberoamericana - Vervuert, Madrid - Frankfurt am Main 1999.
VARGAS UGARTE, R. Episcopologio de las diócesis del antiguo Perú desde
sus orígenes hasta la emancipación, 1513-1825
5. MEDELLÍN, FRAY DIEGO DE
Nació en Medellín (Badajoz), en 1496; y tomó su nombre de su villa
natal. Profesó como fraile franciscano en el Convento de San Ildefonso
de Hornachos, por aquel entonces perteneciente a la Provincia de
Salamanca. Tras emitir los votos y finalizar los estudios, fue enviado
al Perú.
Por el año 1545 ya se encontraba en Lima. Fue uno de los primeros
doctores salidos de la Universidad de San Marcos. Fue guardián del
Convento de Jesús en Lima en 1564, donde enseñó gramática y ciencias
sagradas.
Su talante pastoral lo manifiesta ya en el II Concilio Provincial de
Lima (1567-1568), presidido por Fr. Jerónimo de Loaysa y donde mira
"al sustento de la tierra por los españoles y a la libertad de los
indios".
En 1568 fue electo sexto ministro provincial de la provincia de los
Doce Apóstoles.
En la Real Cédula del 30 de diciembre de 1573 dirigida al Deán y
Cabildo de Santiago de Chile, el rey Felipe II da noticia haber
presentado a fray Diego al papa Gregorio XIII para el obispado de
Santiago como sucesor de fray Fernando de Barrionuevo, fallecido en
1571. Con setenta y ocho años, el 8 de junio de 1574, será preconizado
para el obispado de Santiago de Chile, donde entra a mediados de 1576;
y, recibidas las bulas canónicas, en 1577, será consagrado obispo por
fray Antonio de San Miguel, O.F.M., obispo de La Imperial de Chile.
La diócesis se encontraba en una extrema pobreza a la que se sumaba la
carestía del momento. Además, las continuas guerras con los indígenas
mapuches impiden una evangelización estable; la iglesia catedral ha
sido destruida por el terremoto de 1570 y el obispado carece también
de lo necesario para las celebraciones litúrgicas; mientras que el
clero catedralicio es relajado, el clero diocesano es muy reducido en
número e insuficiente para servir un territorio que incluye también la
provincia transandina de Cuyo (Mendoza); las irregularidades canónicas
en la fundación del monasterio femenino de la Limpia Concepción de
María; los indios postrados por trabajos injustos y sin defensa
efectiva (los "Protectores" son llamados "Destructores" por Fray
Diego: Carta al Rey, 15 de abril de 1580).
Medellín se preocupa para que su clero viva dignamente y pueda atender
a las necesidades espirituales; visita al cabildo eclesiástico y su
postura resulta ser un ejemplo moralizador; visita su obispado y viaja
a Lima participando en el III concilio provincial (1582-1583)
presidido por Toribio de Mogrovejo; por su sensibilidad cultural y la
necesidad de la evangelización, se funda en 1578 una cátedra de
gramática y en 1584 instituye el primer seminario conciliar de América
para la formación del clero, primera institución educativa de Chile y
de las más antigua del continente poniendo al frente al doctrinero
Francisco de la Hoz; manda que se traduzca el catecismo del III
Concilio Limense, Doctrina Christiana a la lengua mapuche y se lo usa
en el obispado; convoca en 1586 el primer sínodo diocesano y sus
actas, no conservadas, influyen en los sínodos sucesivos; actúa en
favor de los indios espiritualmente y socialmente, organizando las
doctrinas con la ayuda de las órdenes religiosas, y defendiéndolos de
los abusos de los encomenderos, debiéndose enfrentar a las autoridades
como al gobernador Rodrigo de Quiroga, quien intentaba acortar la
remuneración solicitada para el sustento de los ministros. Otras veces
tuvo que luchar para enfrentar a los gobernantes que elevaban los
tributos a los indios. Por otra parte, ordenó a los sacerdotes que
negaran la absolución a quienes no aceptaran la tasa de tributos
impuesta por el gobernador Martín Ruiz de Gamboa, favorecedor de la
causa indígena.
Murió en Santiago en 1592, a los 97 años de edad y 17 de obispo,
convirtiéndose en el forjador de la nueva diócesis. Entre sus logros
cabe destacar: el mejor trato a los indios por parte de los
encomenderos, la regulación de la actuación de los canónigos desborda
por los 12 años de sede vacante, la culminación de la catedral, donde
descansan sus restos.

BIBLIOGRAFÍA:
BARRIOS, M. Presencia franciscana en Chile. Sinopsis histórica
1553-2003, Santiago 2003
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DURÁN, J.D. El Catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus
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Virreinato del Perú en el siglo XVI. Documentos del Archivo de Indias,
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OLIVARES, L. La provincia franciscana de Chile de 1553 a 1700 y la
defensa que hizo de los Indios, Santiago 1961
REHBEIN, A. Diego de Medellín, en Episcopologio Chileno. 1561-1815, en
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SARANYANA, Josep-Ignasi (dir.), Teología en América Latina, vol. I,
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Historia de la Iglesia en Chile, 2 (1984)
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6. PEÑA, Y MONTENEGRO, Fr. PEDRO DE LA
Nacido en Covarrubias, Burgos, en 1520. Hijo de Hernán Vázquez e
Isabel de la Peña. Fue postulante dominico en el convento de San Pablo
de Burgos y profesó el 3 de mayo de 1540. Colegial de Santa Cruz de
Valladolid, los estudios eclesiásticos los cursó en el Colegio de San
Gregorio de Valladolid, donde será profesor.
Poco tiempo después de ordenado sacerdote, en 1550, pasó a Nueva
España integrando el séquito del Virrey Don Luis de Velasco, quien lo
había elegido como su director espiritual en atención a su excelente
prepa-ración intelectual y a la reconocida virtud de las que gozaba.
Su primer cometido fue el de prior y maestro de novicios del convento
de Oaxaca. Contribuyó a fundar la Universidad de México, en la que
desempeñó la Cátedra de Prima de Teología desde 1553; entre sus
alumnos destacará el futuro virrey-arzobispo Pedro Moya Contreras. .
Siempre se preocupó por brindar a sacerdotes y misioneros la mejor
formación. En ese mismo año fue nombrado prior del Convento Grande de
Santo Domingo de la capital virreinal. Desde 1558 a 1561 se desempeñó
como provincial de la Provincia de Santiago de México.
A principios de 1562, junto con los provinciales de San Agustín y San
Francisco, pasó a España para gestionar, en calidad de procurador ante
el Consejo de Indias, asuntos relacionados con los intereses y
privilegios de la Orden en Nueva España. Felipe II, en 1564, lo
presentó para el obispado de Verapaz (Centroamérica) y Paulo IV lo
preconizó el 22 de mayo de 1565 para Quito. El 18 de octubre de ese
mismo año fue consagrado en Madrid, en la Basílica de Nuestra Sra. de
Atocha, por el arzobispo de Santiago de Compostela y los obispos de
Segovia y Guadix. En abril de 1566 se hizo presente en su sede. A
pesar de contar con más de 60 años, su espíritu juvenil le lleva a
continuar la catedral, aprobar un Reglamento, vigilar la contabilidad
eclesiástica, cuidar de la celebración de las misas fundacionales.
Se propuso aplicar el concilio de Trento por lo que pone las bases del
seminario que inauguraría su sucesor Luis López de Solís en 1594;
convoca el sínodo diocesano el 17 de marzo de 1570 en el que impuso la
secularización de las doctrinas frente a las órdenes regulares, gira
la visita por su vasto territorio diocesano: por el norte hasta más
allá de Pasto, por el sur hasta los despoblados de Trujillo, por el
este hasta los difusos confines de la tierra de los indios canelos y
quijos por Baeza, y por el oeste, hasta la playa del Pacífico. Apuesta
claramente por los indios y se enfrenta valientemente a las
intromisiones de la Audiencia en sus derechos episcopales debidos al
Patronato Regio. El prelado contó con el apoyo de las órdenes
religiosas, agustinos y franciscanas en su empeño de evangelizar a sus
fieles. En coordinación con la Audiencia propuso un plan urbano
racional por el que asignaba a cada pueblo una legua de circuito, sólo
para los indios; de igual modo, acometió un plan educador entre los
doctrineros en el que conjugaba la liturgia con la catequesis.
El historiador J.M. Vargas resalta cómo el prelado Peña, en
contestación a una cédula de Felipe II de 20 de enero de 1577 que
prohibía ordenar mestizos, respondió que en doce años de obispado
había ordenado tan sólo cuatro sacerdotes, a quienes «ningún español
de buena vida les hacía ventaja». De hecho, fue crecido el número de
sacerdotes y religiosos criollos. Su presencia será decisiva –por
ejemplo- en la popular rebelión quiteña, con motivo de las alcabalas,
en el que el Cabildo recurrió al parecer de estos teólogos y juristas
criollos para respaldar su actuación en principios de derecho.

El 1572 disputó con los frailes para impedir que continuaran los
Encomenderos en sus vejámenes a los indios, les amenazó con no darles
la absolución. El Jueves 8 de Septiembre de 1575 erupcionó el volcán
Pichincha con terrible violencia, ocasionando durante casi un año,
continuas pérdidas. En 1576 asistió al Capítulo Provincial de la Orden
y habiendo fallecido el Arzobispo le correspondió presidir el Auto de
Fe del l3 del Abril de l.578, realizado por los Dominicanos de Lima
para enjuiciar a su antiguo hermano dominico Fray Francisco de la Cruz
y varios cientos de sus seguidores.
Se incorporó al concilio en octubre de 1582. Llegó con dos meses de
retraso y tras asistir a algunas sesiones, sintiéndose súbitamente
cansado, presentó la renuncia al obispado de Quito y pidió una plaza
de Inquisidor del Tribunal de Lima. Falleció el 7 de Marzo de l583 de
más de ochenta años de edad, en pleno Concilio, dejando como heredero
de todos sus bienes a la Inquisición. , para que con dicho dinero se
compusiera la cárcel de ella.

BIBLIOGRAFÍA:
BRAVO CISNEROS, Jaime F. La diócesis de Quito en el siglo XVI. El
Tercer Sínodo Quitense (extracto de la tesis), Pamplona 1994
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DURÁN, J.D. El Catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus
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GONZALEZ OCHOA, J.Mª Voz "Peña y Montenegro, Fr. Pedro de la"
Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia vol.
XXXIV, Madrid, 2011 tomo XL, p.579
GARCÍA IRIGOYEN, C. Santo Toribio Lima 1904, T.I, p.111

VARGAS, José María O.P Historia de la cultura ecuatoriana
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/historia-de-la-cultura-ecuatoriana--0/html/0027fcd4-82b2-11df-acc7-002185ce6064_22.html

7. SAN MIGUEL, ANTONIO DE
Tomó este nombre al ingresar a la vida franciscana, dejando su
apellido de Avendaño. Nació en Salamanca en 1521. Fueron sus padres,
Don Antonio de Avendaño y Doña Juana de Paz, vecinos de la Villa de
Ledesma, y entroncados con la vieja nobleza salmantina. En 1539 vistió
el hábito de los Frailes Menores en el Convento de San Francisco de
Salamanca, donde profesó al año siguiente. Cursó sus estudios en los
claustros de la Orden y en la Universidad de Salamanca. Ordenado
sacerdote fue destinado al Convento de San Francisco de Toro, desde
donde pidió pasar Indias.

Cuando formaba parte de la comunidad en Toro fue enviado al Perú. En
1562 se lo designó ministro provincial de la Provincia peruana de los
Doce Apóstoles. Siendo guardián del convento de Lima, la Audiencia le
pidió que acompañase al ejército realista para apresar al rebelde
Girón y cuentan las crónicas que gracias a su prédica a los soldados
la víspera de la batalla de Pucará aseguró la victoria. Más adelante,
como guardián del Cuzco, tuvo que predicar en la catedral y, al ver a
un buen número de encomenderos, les habló acerca de la justicia como
virtud moral, de la restitución, alentándoles a que fundasen
hospitales y obras de caridad: "Mostraos, señores, tan largos y
dadivoso como os mostrasteis fuerte y valerosos para ganar este
imperio".
Pío IV, el 22 de marzo de 1563, lo instituyó primer obispo de La
Imperial. Debido a que las bulas originales se extraviaron, para
consagrarse, tuvo que esperar que le llegaran nuevos ejemplares
firmados por Pío V. El arzobispo Fr. Jerónimo de Loaysa le impuso las
manos en Lima el 9 de febrero de 1567. Llegó a Concepción a mediados
de mayo de 1568, asolada además por la guerra contra los Araucanos. En
sus cartas a Felipe II insistía en que la guerra continuaría mientras
persistiese el sistema " injusto de la encomienda, lo mismo que el
servicio personal de los Indios".

De 1571 a 1574 visitó canónicamente su dilatada diócesis y sus siete
curatos de La Imperial, Osorno, Concepción, Valdivia, Castro y Angol o
Confines, llegando hasta Chiloé. Su jurisdicción se extendía desde el
río Maule por el norte, hasta el extremo sur del continente, y desde
el océano Pacífico hasta el Atlántico. Veinte sacerdotes del clero
secular y veinte del clero regular (mercedarios franciscanos y
dominicos) colaboraban con el obispo en la atención espiritual de
españoles y nativos.

En defensa de la justicia y de la inmunidad eclesiástica el obispo San
Miguel hubo de chocar con la Real Audiencia de Concepción dirigida por
Melchor Bravo y Saravia a causa de un lance surgido entre un
franciscano y un alguacil. y logró la supresión de la misma en 1573,
agregando su territorio a la Audiencia de Lima y nombrando gobernador
de Chile a Rodrigo de Quiroga.

Participó en el Concilio Limense III, en el que apoyó constantemente
al metropolitano Santo Toribio Alfonso Mogrovejo en orden a abrir
proceso al obispo del Cuzco, don Sebastián de Lartaún, quien a su vez
recusó como visitador al obispo fray Antonio de San Miguel. Este
celebró en La Imperial un sínodo diocesano y encargó la traducción del
catecismo límense al idioma araucano. Pidió al rey la fundación de un
colegio en La Imperial, más aún, de Universidad. Sabemos que puso en
marcha un seminario modestísimo, el primer seminario chileno que se
erigió en conformidad con las disposiciones del concilio tridentino.

En 1587 respondió a 18 capítulos de acusaciones del teniente
gobernador y jurista doctor Luis López de Azoca. El obispo San Miguel
había confiado 11 doctrinas a regulares nombrados por él mismo En 1589
ambos, obispo y gobernador, abandonarían Chile. Aunque en 1587 había
presentado su renuncia al Rey, Felipe II –sabedor de su coherencia y
celo pastoral- no sólo se niega a aceptársela sino que le presenta
para la gran diócesis de Quito.

De este modo, Fray Antonio de San Miguel dejaba su querida diócesis,
regida con tanta integridad y celo apostólico durante 22 años, camino
de Valdivia para asumir la diócesis de Quito, a la que había sido
promovido por el papa Sixto V Pero tres jornadas antes de alcanzar su
sede quitense, expiraba en Riobamba en noviembre de 1590. El
Martirologio Franciscano honra su memoria el 18 de enero.

Aquella diócesis corresponde en la actualidad a la diócesis chilena de
Temuco, la jurisdicción que se reparte el gobierno eclesiástico del
territorio de la IX Región de la Araucanía, Chile, con la Diócesis de
Villarrica, abarcando toda la Provincia de Malleco y parte de la
Provincia de Cautín; comprendiendo de esta, la totalidad de las
comunas de: Perquenco, Galvarino, Cholchol y Temuco, y la mayor parte
de las comunas de Lautaro, Nueva Imperial y Carahue .

BIBLIOGRAFÍA:
DURÁN, J.D. El Catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus
complementos pastorales (1584 85) Estudio preliminar. Textos. Notas
Buenos Aires 1982.
EGAÑA, A. de Historia de la Iglesia en la América Española BAC,
Madrid, 1956, 219-223

GARCÍA, S. Voz "San Miguel Manzanedo, Antonio de" M. ANDRÉS MARTÍN
Misioneros extremeños en Hispanoamérica y Filipinas, BAC, Madrid,
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OLAVE, R. Rasgos biográficos de eclesiásticos de Concepción
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SARANYANA, Josep-Ignasi (dir.), Teología en América Latina, vol. I:
"Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión", 1493-1715,
Iberoamericana - Vervuert, Madrid - Frankfurt am Main 1999.
SILVA COTAPOS, Carlos Don Fray Antonio de San Miguel, primer obispo de
La Imperial
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8. VITORIA, FRAY FRANCISCO DE
Este prelado era oriundo de Portugal. Por sus venas corría sangre
judía. Antes de ser religioso actuó como comerciante en Perú, organizó
dos operaciones comerciales con Brasil, con navíos que le pertenecían.
La primera consistió en un envío de 30.000 pesos en plata más
productos locales para intercambiarlos por esclavos y manufacturas
europeas.
En Lima ingresó a la Orden dominica, vistiendo el hábito, al correr el
año 1560, en el Convento de Nuestra Señora del Rosario. Se destacó en
la predicación y en la enseñanza. Fue predicador regente de la
Universidad de San Marcos, consultor del Santo Oficio y lector de
teología en el Convento del Rosario. En el Capítulo provincial del 25
de junio de 1569 fue nombrado Definidor general y Procurador en ambas
curias. Se embarcó en el Callao hacia fines de aquel año. Durante su
permanencia en España, el 23 de setiembre 1577, fue propuesto por
Felipe II para el obispado del Tucumán; y Gregorio XIII lo preconizó
el 13 de enero de 1578. Fue consagrado en el Monasterio de Santa María
de los Ángeles de Sevilla, donde se erigió canónicamente la diócesis
El 1 de febrero de 1580 llegó a Lima, designado como vicario y
administrador del obispado al Padre Hernando de Morillo. Al considerar
que los misioneros dedicados a evangelizar a los indígenas eran
claramente insuficientes —a pesar del aporte de los frailes dominicos—
invitó a los jesuitas a instalarse en la provincia a través de su
provincial Baltasar de Piñas, el cual envió a los padres Francisco de
Angulo y Alonso de Barzana. Para ese tiempo compra y repara en Santa
Fe una fragata construida en Asunción con la que organiza su primera
expedición comercial. En febrero del año siguiente de 1581 entró en
Potosí, camino a su sede. Estaba capitaneada por el mercader portugués
López Vásquez Pestaña, asociado a la empresa y figuraba entre sus
tripulantes el padre Francisco Salcedo, también portugués en carácter
de "Representante Espiritual". Luego de permanecer largo tiempo en
aquella ciudad, dedicado a solucionar sus preocupaciones económicas,
tomó posesión del obispado en Talina, pueblo de indios chichas.
Se incorporó al concilio en marzo de 1583, poco antes de que muriesen
el obispo de Quito y el virrey, debiendo asumir las funciones de este
último el oidor más antiguo, Licenciado Cristóbal Ramírez de
Cartagena. Resultó tan conflictivo el Concilio que el Presidente,
Santo Toribio, en vísperas de Semana Santa, suspendió en concilio
hasta la Pascua de Resurrección indicando a los padres conciliares que
se retirasen. Sin embargo, 5 obispos no sólo se negaron sino que
arrebataron las llaves del archivo y se apoderaron de los papeles del
proceso, que retuvo fray Francisco de Vitoria, llegándolos a quemar en
el horno de un pastelero del centro de Lima. Ante su negativa de
devolver los documentos, el metropolitano suspendió las congregaciones
y excomulgó públicamente a Mons. Vitoria. Éste pretendió continuar el
concilio en el caso de que no lo reabriese santo Toribio. El
metropolitano accedió con tal de que se devolviera el libro de
acuerdos a los secretarios. Como cuatro de los cinco obispos
sufragáneos llevaban adelante su proyecto de conciliábulo Mogrovejo
los excomulgó.
Cuando Victoria viajó al Sínodo de Lima, lo hizo con la idea de no
regresar más al Tucumán. En efecto, el 6 de abril de 1584, desde Lima,
envió la renuncia a Felipe II por sentirse sin fuerzas para continuar
con el ejercicio del ministerio pastoral. Santo Toribio, le informó al
rey Felipe II que "se serviría mucho a Nuestro Señor aceptarle la
renuncia al obispo, porque él no se aplica a cosa de ella, sino a
otras muy diferentes". Y agregó que Victoria "había tomado lo que no
era suyo, con ánimo diabólico, alborotando a esa república… como
disipador de la paz cristiana".
No obstante ello, regresó a Tucumán en agosto de 1587. Abandonó
prácticamente la diócesis a fines de aquél año para trasladarse a
Potosí, su lugar de residencia habitual por casi tres años, donde
llevó una auténtica vida de mercader, despreocupado totalmente del
bien espiritual de su grey. Pasó fugaz-mente por Santiago del Estero a
principios de 1590. Desde allí se encaminó a Buenos Aires y se embarcó
para el Brasil, siempre en planes de comercio. Posteriormente viajó a
España, donde murió en el convento dominico de Atocha en 1592.
Evidentemente Fr. Francisco no había nacido para el oficio pastoral.
Su temperamento lo impulsaba más a prestar atención a lo material y
económico de sus grandes empresas comerciales, que a los intereses
propios de sus funciones episcopales.
Fue mérito del obispo Francisco de Victoria la llegada al Tucumán de
los miembros de la Compañía de Jesús. Su obra fue extraordinaria en la
educación y evangelización. Ellos tuvieron a cargo las reducciones,
las misiones, las primeras escuelas y seminarios.
Además de todo esto, el obispo tuvo fama de auténtico mercader y de
prototipo de hombre de negocios. En Santiago del Estero se lo recuerda
fundamentalmente por ser él el precursor de las exportaciones. Otro
mérito que hay que reconocer a este prelado es que descubrió que para
proveerse de ciertos productos de origen europeo que se recibían en
América vía tierra firme-Panamá, y a precios muy altos, resultaba más
conveniente traerlos desde Brasil. Y que al mismo tiempo, era factible
colocar las manufacturas y productos agropecuarios del Tucumán en ese
país. Evidentemente Victoria fue un hábil comerciante y con justeza se
lo llamó "el padre del comercio argentino-brasileño".Entre sus
críticos se encuentra el historiador Cayetano Bruno, que afirmó:
Ningún obispo, sin disputa, ni del Río de la Plata ni del Tucumán,
suscitó junto a sí tanta animadversión y repulsa en toda la época
española, como el obispo Victoria. La única defensa de su actuación
que aparece en documentos es la que él mismo hace de sí. Sus
contemporáneos lo denigraron.17

BIBLIOGRAFÍA:
DURÁN, J.D. El Catecismo del III Concilio provincial de Lima y sus
complementos pastorales (1584 85) Estudio preliminar. Textos. Notas
Buenos Aires 1982.
EGAÑA, A. de Historia de la Iglesia en la América Española BAC,
Madrid, 1956, 219-431
GARCÍA IRIGOYEN, C. Santo Toribio Lima 1904, T.I
https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_Victoria

LESSER, R. http://historiasconlupa.blogspot.pe/2012/03/personajes-fray-francisco-de-vitoria.html
SARANYANA, Josep-Ignasi (dir.), Teología en América Latina, vol. I:
"Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión", 1493-1715,
Iberoamericana - Vervuert, Madrid - Frankfurt am Main 1999.

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